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Procesos socio-históricos dominicanos, patologías, salud social y pública

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Dr. José Antinoe Fiallo Billini.

 Profesor Escuela de Historia y Antropología de la UASD

y Área Ciencias Sociales INTEC

•1.      LA SOCIEDAD ABORIGEN TAINA

 

 

SOCIEDAD

AMBIENTE SOCIAL Y NATURAL

 

CONDICIONES DE VIDA

SALUD Y PATOLOGIAS

ESTRATEGIAS PREVENTIVAS Y/O CURATIVAS

Se caracterizó por ser una sociedad predominantemente basada en la agricultura y el trabajo agrícola, aunque además se realizaban actividades recolectoras, de la pesca y la caza que les servían de complemento.  La explotación agrícola se realizaba con medios muy precarios y limitados, como la roza, el bosque quemado, el talado y el montón, lo que les permitía aprovechar la acción fertilizante de las cenizas y el humus (o capas) vegetal del bosque tropical.  Esta sociedad se comenzó a estructurar unos 300 años de la llegada de los conquistadores en 1492.

 

Se organizaron en aldeas comunitarias donde las diferencias sociales se establecieron en torno a funciones de dirección (jefes, caciques, nitainos y behiques) y de trabajo socialmente necesario (agricultores, cazadores, pescadores, recolectores, etc.).  Esta organización sociocultural giraba alrededor de una visión religiosa animista que tenía como centro el Cemí o divinidad.

El ambiente social se caracterizaba por la estructuración de un sistema de aldeas pequeñas, medianas y grandes que se organizaron a partir de familias relativamente grandes y que servían de base a los clanes (grupos intermedios) y unidades socioeconómicas encabezadas por un delegado del cacique.  Una aldea podía estar constituída por varios barrios y era el centro de la organización socio-política en el territorio Taíno, con cierta autonomía y era responsabilidad de los delegados de caciques, nitainos y caciques organizar la relación de las aldeas con su entorno natural.

 

Con el desarrollo de las aldeas agrícolas como exigencia de la demanda de productos para la alimentación y por ende de mayor energía, se inició la quema de bosques y el talado, así como el riego artificial como fuente de energía.  Este inició la alteración del ambiente de la isla, aunque sin alterar sustancialmente la biomasa (materia viva) vegetal de manera fundamental, siendo la mejor muestra de ello que a la llegada de los conquistadores españoles un 98% del territorio de la isla se encontraba cubierto de bosques de pinares, latifoliadas (árboles de hojas anchas) y secos.

La reproducción de la sociedad taína se basaba en la propiedad de los bienes agrícolas por toda la comunidad aldeana, pero los artículos caseros y ciertos ídolos familiares pertenecían a las familias, así como los objetos y útiles personales.  La producción y la distribución eran completamente comunitarias, siendo responsables de la repartición el cacique o jefe aldeano.  En la actualidad artesanal, que era continuidad de la agricultura, las mujeres tenían un mayor peso en la confección de objetos de esta naturaleza que los hombres, salvo artículos de lujo y los cultos religiosos.  Además, estas tenían funciones importantes en la preparación de alimentos, recolección, cerámica y tejido.  Los hombres se dedicaban a cultivar la tierra, pescar, cazar, construir utensilios de trabajo y ocasionalmente al intercambio con grupos vecinos a sus aldeas.

 

Vivían en hogares con cerca de 30 personas o menos y en aldeas que oscilaban entre 4 y 150 casas, siendo el promedio por aldea entre 20 y 30 viviendas.

La enfermedad era concebida por los Taínos y las Taínas como obra de los espíritus y en ese sentido tenían una concepción patológica animista, es decir, que casi todas las enfermedades venían del exterior del ser humano producidas por espíritus malos.  Sin embargo, algunos investigadores consideran que excluyeron de esto a los catarros, las fiebres y la disentería que eran las más corrientes.  

 

Las enfermedades o afecciones autóctonas más corrientes además de las anteriores eran las sífilis, el paludismo, el rámpano (úlcera tropical), la sarna, algunos tipos de  parasitosis, fiebre amarilla y tuberculosis.

Las estrategias utilizadas por los taínos asociaban la cuestión de la salud al poder de los Cemies (dioses) y por lo tanto de aquellos que eran más responsables del culto religioso, es decir, los behiques, shamanes médicos o hechiceros quienes estaban asociados directamente a los caciques.

 

Estas estrategias se organizaban alrededor de las ofrendas a los cultos de los Cemies y a las retribuciones al behique por la cura y los ritos curativos, regularmente con participaciones comunitarias.

 

Los métodos de curación eran, esencialmente, rituales mágicos religiosos, aunque los behiques poseían saberes específicos de medicina y botánica lo cual era complementario a la actividad mágico religiosa.  Estos saberes se referían a conocimientos de árboles, plantas, raíces, hiervas, determinadas dietas y brebajes, saberes que se aplicaban a partir de visitas a las casas de los enfermos en donde realizaban cultos curativos (incluyendo el de la cohoba).

 

Hay en los Taínos y Taínas conocimientos o saberes curativos (empíricos) y cultos o ceremonias mágico religiosas.

 

 

 

 

 

 

•2.      PRIMERA SOCIEDAD ESCLAVISTA COLONIAL O DE LA ESCLAVITUD INTENSIVA

 

 

SOCIEDAD

AMBIENTE SOCIAL Y NATURAL

 

CONDICIONES DE VIDA

 

SALUD Y PATOLOGIAS

ESTRATEGIAS PREVEN-TIVAS Y/O CURATIVAS

Este primer tipo de sociedad colonial combinó la tributación y la esclavización de los aborígenes Taínos de la islas con la importación de aborígenes de otras islas y africanos esclavizados para trabajar de manera forzada principalmente la agricultura, la minería, la construcción, así como en plantaciones cañeras e ingenios azucareros.  Abarcó un período de tiempo desde la llegada de los conquistadores hasta finales del siglo XVI.

 

Esta sociedad se organizó en asentamientos urbanos, puertos y fuertes y en unidades socioeconómicas mercantiles de estancias, hatos, plantaciones e ingenios, estableciéndose de manera progresiva una división del trabajo que descansaba en una fuerza laboral aborigen-africana responsable de la producción de un excedente para ser exportado a partir del control unilateral que tenía España (monopolio).

 

Se organizó un sistema político centralizado y excluyente en la Corona y el gobierno español y se impuso un sistema de creencias religiosas y políticas que desconocía las de la mayoría de la población.

El ambiente social se caracterizó por una creciente polarización social que concentró en ciudades, fuertes y puertos a la élite conquistadora, y en aldeas, cotos mineros y barracones de ciudades, ingenios y plantaciones a aborígenes primero y luego a los africanos traídos como esclavos.  Los aborígenes fueron transformados en tributarios y esclavos y concentrados unos, con el sistema de la encomienda y repartimientos en zonas específicas de acuerdo a los intereses de los encomenderos y la Corona Española, así como los esclavos africanos negros fueron concentrados en barrancones establecidos en las diversas áreas de la economía azucarera.

 

Este sistema colonial significó, a mediano plazo, la utilización de nuevas técnicas de cultivo que implicaron la extensión de cañaverales, así como la introducción del cacao, el algodón, el añil y el tabaco, así como también por las necesidades de construcciones de ciudades, fuertes, naves, almacenes e ingenios, la explotación de la foresta y la exportación de maderas.  El ambiente natural comenzó a ser deteriorado gravemente con el sistema colonial esclavista explotando la naturaleza y los seres humanos para producir materias primas y extraer metales preciosos, provocando los primeros desequilibrios ecológicos a partir del mero cultivo de la caña de azúcar.  Se impulsó la explotación intensiva del suelo agrario y el uso de los bosques de maderas duras y del roble, así como de la caoba, el cedro, ébano y guayacán.

El sistema colonial esclavista partió de una estrategia de campañas militares para obligar a trabajar a los aborígenes en las minas y estancias quienes eran concebidos como recursos o instrumentos inagotables y que daba lo mismo no alimentar ni cuidar adecuadamente.  Esta situación se institucionalizó con las encomiendas, donde el aborigen fue transformado en una "cosa", como "un bien pasajero", siendo desalojados de sus aldeas originarias y trasladados a distancias lejanas de sus hogares y aldeas.  Trabajando de manera intensiva en minas y haciendas, en base a un jornal de medio peso oro al año, con lo que no se podía ni comprar la ropa mínima, prohibiéndoles el organizar areítos, jugar a la pelota, inhalar cohoba, así como bañarse.

 

En el caso de los/as africanos/as esclavizados/as, éstos eran trasladados en barcos negreros, atados unos/as a otros/as por el cuello, amarrados con cadenas o por las espaldas, bajo el permanente hostigamiento del látigo, y al llegar a tierra encerrados en barrancones, marcados con hierro para distinguir quien era su amo y luego enviados a su destino final donde lo esperaba otro barrancón.  Esto era regularmente un edificio de un piso de mampostería y teja, con perros que custodiaban la puerta que era pequeña para poder contar la entrada y salida.  Las habitaciones de los esclavos/as de entre 12 y 16 pies cuadrados, las paredes negras, la tierra húmeda y desnivelada y la luz y el aire solo entraban por la puerta.

 

Los esclavos/as estaban sometidos a férrea disciplina a base de régimen opresivo fuerte con castigos como los azotes, parados en la picota o boca abajo en los pisos de tierra incluyendo las embarazadas a las que se les hacía un hoyo para que introdujera la barriga ya crecida, la prisión en cepo, con grilletes y cadenas, troncos en la cabeza, clavadura de manos y corte de las mismas.

La introducción del mal trato esclavista y tributario por el conquistador fue el productor más devastador de enfermedades que atacó la sociedad aborigen más originaria y luego la población africana trasladada para organizar la economía azucarera.  Las campañas de sojuzgamiento, la resistencia al sembradío de conucos para alimentar al conquistador con sus secuelas de hambrunas, abortos y suicidios individuales y colectivos de los/as Taínos/as, así como las guerras y rebeliones produjeron una mortandad masiva (de 250,000 aborígenes en 1492 a 15,000 en 1514).

 

Este contexto permitió que grandes epidemias, como la de la viruela redujeran aún más las poblaciones taínas, pero lo fundamental fue el trabajo forzado y la imposibilidad de sembrar sus conucos, para alimentarse, muriendo de hambre, según los frailes dominicos 100,000 personas en pocos años.

 

El trabajo agotador en las mimas de los aborígenes Taínos y Taínas significó, además de los suicidios, el abandono y asesinato de ancianos no productivos, el crecimiento de la vulnerabilidad a nuevas enfermedades como la viruela.  Las prohibiciones a la recreación y al tiempo libre alteraron el equilibrio sicosocial y cultural instaurándose un modo de vida muy destructivo para ellos y ellas.

 

En el caso de los esclavos/as negros/as, las condiciones de vida y los malos tratos generaban insolaciones (consecuencia de exposiciones prolongadas al sol en plantaciones y castigos), quebradura de huesos, enfermedades en los riñones, llagas y heridas consecuencias muchas veces de los castigos, además de accidentes de trabajo.  Otras manifestaciones frecuentes se refieren al mal trato de las esclavas embarazadas, abortos y hemorragias uterinas, tétanos, buba o sífilis, paludismo, rámpanos, viruelas, fiebre amarilla y tétanos, disentería, diarrea, enfermedades pulmonares, incluyendo pulmonía.

Las estrategias utilizadas por la sociedad colonial estaban referidas a la polarización social que se aceptaba como natural y conveniente.  Para la élite conquistadora y burocrática se implementó un precario aparato de salud integrado por algunos médicos, boticarios, herbolarios (especialistas en yerbas y plantas), cirujanos (mayores o menores) quienes laboraban en algunos hospitales (los pocos que habían) y realizaban cursillos.  El trabajo realizado con esta élite era de naturaleza curativa, sobre todo asistir enfermos en las frecuentes epidemias que azotaban la población de la isla.

 

En cuanto a las estrategias referidas a los sectores mayoritarios es importante señalar que en estos, primero aborígenes y luego esclavos africanos, se combinan los tratamientos empíricos con los cultos mágico religiosos.  Entre los esclavos africanos llegaron los llamados "hombres de las medicinas" que eran especialistas en el uso de plantas terapéuticas, lo cual se combinó en ocasiones con la medicina popular española que también empleaba plantas tales como laxantes, vomitivos y diuréticos y/o seres lo que también articulaban con oraciones a santos.  En el caso de los esclavos se combinaron la práctica de sacerdotes y curanderos considerados como sanadores profesionales que recurrían a las experiencias de la medicina folklórica.

 

 

3.  LA SOCIEDAD COLONIAL DE ESCLAVITUD EN CRISIS

 

 

SOCIEDAD

AMBIENTE SOCIAL Y NATURAL

 

CONDICIONES DE VIDA

 

SALUD Y PATOLOGIAS

ESTRATEGIAS PREVEN-TIVAS Y/O CURATIVAS

Este segundo tipo de sociedad colonial fue una consecuencia directa de la crisis general que significó la decadencia de la economía azucarera, las cimarronadas o alzamientos de esclavos, la pérdida de importancia de la Colonia para España, el contrabando de sus pobladores y las emigraciones de parte de los grupos de grandes propietarios hacia España y otros territorios coloniales, así como el corso y la piratería en el área del Caribe.

 

La sociedad se hizo más rural, las pocas ciudades decayeron, la población se fue dispersando en conucos, estancias, hatos y algunos trapiches que quedaron, lo que hizo posible que la esclavitud comenzara a debilitarse de manera progresiva, creándose las condiciones para la aparición de nuevos sujetos sociales, tales y como los lanceros, monteros y los primeros campesinos originarios o arcaicos, la mayoría de los cuales vivían alejados de los pocos centros urbanos que quedaron.  En sentido general se empobrecieron aún más los distintos sectores sociales y la colonia decayó de manera progresiva, aunque a mediados del siglo XVIII se verificó una ligera mejoría, al empezar a organizarse la actividad mercantil hacia la Colonia Francesa (luego Haití) y el comercio y el corso en el área del Caribe.  Esta sociedad abarca el período que oscila desde las Devastaciones y Despoblación de 1605 y 1606 hasta finales del siglo 18.

El ambiente social se caracterizó por un empobrecimiento generalizado de la población, siendo actividades de cierta importancia la exportación de cueros y la producción de jengibre, así como el inicio de las plantaciones de cacao.  A mediados del siglo 17 se produjo una nueva epidemia de viruelas que mató muchos de los esclavos y los cacaotales fueron atacados por una plaga que los arruinó.

 

La economía quedó tan maltrecha que la élite dominante no tenía recursos para comprar esclavos y se agravó luego de 1666 por un terremoto y un ciclón.  Estas catástrofes naturales afectaron severamente el ambiente natural destruyendo los conucos de yuca y plátanos que servían de base para el autoabastecimiento alimentario de la población.

 

Hubo períodos en que se hizo escasa la carne de vaca, se incrementó la prostitución femenina como forma de subsistencia de esclavas negras y mulatas, así como cierta delincuencia social de grupos encabezados por cuadrillas de perros que se dedicaban al asalto de veredas, caminos y caminos reales.

 

Además muchos padres y madres de recién nacidos abandonaban sus hijos o hijas en las Iglesias por no poder mantenerlos y aún así pasaban varios días sin que aparecieran responsables de hacerse cargo de los niños/as.  Este contexto natural y social se trató de mantener cohesionado sin posibilidades de ser debilitado sustancialmente, al militarizar la colonia en su lucha contra los franceses y en la cual se incorporaron criollos, negros libres y esclavos, para lo cual se organizaron grupos permanentes de cincuentenas y milicias aldeanas lo que introdujo más elementos de autoritarismo en la Colonia.

La vida cotidiana giró, fundamentalmente, alrededor de actividades de pura subsistencia, concentrándose en la producción de cazabe y algunos tipos de vegetales, además de la cacería y crianza de ganado.

 

Muchas personas que vivían en las pocas ciudades, para sobrevivir, tuvieron que irse a vivir al campo, así como muchos esclavos/as y negros/as libres se fugaban y se transformaban en pequeños campesinos conuqueros lejos de las ciudades.  El terremoto de 1673 agravó las condiciones de la vida urbana al destruir la mayoría de las casas y edificios, lo que debilitó la situación de la élite en el poder, al extremo de que algunos se empobrecieron perdiendo sus antiguas vestimentas y teniendo que vender parte de sus esclavos/as, por deudas o necesidades inmediatas o el caso de esclavos y mujeres pobres que se fueron a vivir en los montes para que no los vieran con ropas rotas o harapientas.  Los soldados andaban sin zapatos y algunos se les debía hasta 36 meses de salarios y a los más viejos años incluso.

 

En el caso de los esclavos/as negros/as, negros/as libres, pardos y mestizos a pesar de las limitaciones que las nuevas condiciones socioeconómicas impusieron a la esclavitud, se estableció claramente para ellos y ellas que no podían reconvenir contradecir o disputar "sino en los términos más sumisos con las personas blancas".  Así como la prohibición de bailes a éstos y éstas en las plazas, calles y lugares públicos en días festivos, así como además el cierre de las escuelas para negros/as y pardos/as de forma tal que se dedicaran solo a la agricultura.  La colonia desarrolló un cierto modo de vida militarizado como control social que garantizara la sumisión exigida a la mayoría de la población.

El deterioro social de este periodo creó patologías sociales muy serias, como por ejemplo, el empobrecimiento generalizado de la población, las limitaciones de acceso a saberes más elaborados que permitieran enfrentar ciertas consecuencias referidas a hambrunas, epidemias, efectos del clima y el trabajo duro de subsistencia, proveniente de la montería o el contrabando.

 

Las más importantes patologías, además de las heredadas como continuidad de la sociedad de esclavitud intensiva, están referidas a epidemias de viruelas desatadas en contextos de desastres naturales (huracanes y terremotos), así como perturbaciones sicológicas referidas a estados nostálgicos, estos últimos explicables en el contexto de crisis crónica y falta de perspectivas o de futuro de la élite y la subordinación de las mayorías.  Parasitosis, tétanos, disenterías, afecciones bronco-pulmonares, lepra, estados febriles variados, continúan.  Sobre todo en razón del deterioro ambiental y de las continuas movilizaciones y desplazamientos territoriales de la población inmediata como vestimentas, vivienda y calzado adecuados.

A lo largo de este período es poco el personal especializado en saberes médicos elaborados e inexistentes un aparato administrativo de salud.  En el siglo XVII hubo momentos en que no teníamos médicos y en otros de este Siglo y el Siglo siguiente (Siglo 18) que los médicos fueron de otras nacionalidades (franceses e italianos).

 

La pobreza generalizada obligó al grupo mayoritario de la población a desarrollar saberes empíricos y a recurrir de manera sistemática a una medicina flolklórica que utilizó tanto la botánica (plantas y raíces) como al uso de aportes animales, como por ejemplo, orina del burro para combatir dolor de riñones, sangre de este animal para la fiebre cotidiana, leche para "ablandar" el vientre, así como la actividad mágico religiosa como por ejemplo "ensalmos",  conjuros y oraciones".

 

Además, una parte de las acciones de apoyo para estimular curaciones basadas en la ayuda mutua, estuvieron sustentadas en las Cofradías de negros libres y esclavos que realizaron estas actividades de sobrevivencia en relación a sus asociados, basados en limosnas recogidas en actividades públicas como  juegos y corridas de toros.

 

 

 

 

4. SOCIEDAD MERCANTIL

 

 

SOCIEDAD

 

AMBIENTE SOCIAL Y NATURAL

 

CONDICIONES DE VIDA

 

SALUD Y PATOLOGIAS

ESTRATEGIAS PREVENTIVAS Y/O CURATIVAS

Esta sociedad se gestó u originó a partir del debilitamiento y posterior crisis final de la esclavitud, surgiendo progresivamente una sociedad predominantemente campesina constituida por pequeños y medianos propietarios rurales, por campesinos sin tierra, arrendatarios y aparceros, así como por una ampliación de algunos núcleos urbanos, de artesanos, pobres marginados, capas medias emergentes y burguesía criolla y extranjera.  Las principales actividades productivas que dieron lugar a esta sociedad fueron los cortes de madera, hatos y haciendas y los cultivos del tabaco, cacao, café y caña de azúcar, así como las actividades de importación y exportación controladas predominantemente por grupos extranjeros.

 

Esta sociedad funcionaba produciendo excedentes para el mercado interno y la exportación para lo que estructuró una división del trabajo que descansó en su base en el campesinado, los peones, el artesanado y los grupos de asalariados o de obreros que comenzaban a surgir.  En el otro polo, el grupo dirigente o élite integrado por hateros, burócratas, altos comerciantes y burguesía extranjera asociados a las actividades azucareras, financieras y de importación y exportación.

 

Esta sociedad abarca el período desde finales del Siglo 18 hasta el inicio del desarrollo de la industria azucarera moderna a finales del Siglo 19.

El ambiente social se caracterizaba por un continuo conflicto que significó una sucesión de rebeliones, conspiraciones, alzamientos, golpes de estado, insurrecciones, guerras civiles y guerras de liberación nacional.  Ello significó fenómenos de militarización de la sociedad, caudillismo y autoritarismo político para afianzar el poder de los grupos dirigentes y garantizar el dominio sobre la sociedad predominantemente campesina, pero con componentes de las luchas de las capas medias liberales y nacionalistas.

 

El proyecto de la élite dominante que tuvo su origen con la liberalización del cultivo del tabaco a finales del siglo 18 y luego con el incremento de los cortes de madera, esta última actividad, sobre todo generalizada en el Sur, inició en gran escala la extracción masiva de recursos naturales y su destrucción, iniciándose con ella la profundización del desequilibrio ecológico que iniciara la plantación cañera.  Posteriormente, las devastaciones de los bosques no solo se expandieron por el comercio con Europa y Haití, sino además para habilitar tierras para la economía agroexportadora, economía de poca diversificación lo que acentuó el deterioro de los ecosistemas.  Esto afectó la flora y la fauna, sobre todo cuando por razones militares se instauraron tácticas de destrucción de los escenarios o lugares de guerra, en términos de aplicar tácticas de tierra arrasada (quemar todo un territorio), como sucedió durante la guerra de independencia (1844 y siguientes), la revolución cibaeña de 1857, la guerra de la Restauración (1863-65), la guerra de los seis años (1867-1874) y las luchas contra la dictadura de Ulises Heureaux (Lilís).

La vida de las mayorías de la población se caracterizó inicialmente, en lo fundamental, en el intento de desa-rrollar una existencia rural independiente de los centros urbanos o por lo menos con una mayor autonomía.  Fundándose nuevas aldeas basadas en la montería y el conuco, integradas por chozas y bohíos en actividades de subsistencia y casi sin subordinación a las actividades burocráticas coloniales centralizadas en la ciudad de Santo Domingo.

 

En la medida en que la naturaleza mercantil de la dinámica económica se expandía, el modo de vida campesino se fue reformulando, sobre todo cuando comienzan a desarrollarse haciendas de exportación luego de la Guerra Restauradora, lo que sin embargo no modificó el fondo social de pobreza del país.  Ese fondo social estaba formado por los campesinos sin tierra o hecha días, peones, monteros, rancheros, maroteros y conuqueros en los campos y en las ciudades, trabajadores no especializados, servidumbre doméstica, lavanderas, costureras, artesanos, pulperos y empleados pequeños.  Los conuqueros explotaban pequeñas extensiones que producían raíces y plátanos utilizando la "tala, tumba y quema", el montero se dedicaba a la cacería de puercos y reses cimarronas y los maroteros eran recolectores, dedicándose a veces al corte de madera.  La casa típica era el bohío, construido con tablas de palma y cubierto con yagua, de una o dos habitaciones, pocos muebles, entre ellos una barbacoa y una hamaca.

 

Estos modos de vida se transformaron con el desarrollo de los cultivos comerciales (sobre todo cañera), a partir de pequeñas y medianas parcelas y posteriormente en cierto tipo de gran plantación comenzando a transformarse el campesino en bracero o peón en esas unidades rurales.  Esto redujo sustancialmente la producción agropecuaria, incrementó la migración interna, así como las actividades de intermediarios (comerciantes) en algunas zonas, empobreciendo, por endeudamientos a los antiguos campesinos, hoy peones, braceros y trabajadores en las zonas azucareras y ciudades que tendían a crecer.

La combinación del mantenimiento de viejas formas rurales de subsistencia y la apertura hacia una economía mercantil, permitió el sostenimiento de viejos hábitos de higiene personal (por ejemplo, el bañarse poco en las zonas rurales para preservar una mayor identidad de su cuerpo en relación al entorno), con una mayor circulación de enfermedades y epidemias al irse rompiendo la autarquía (indepen-dencia casi total) o aislamiento relativo de las diversas regiones y localidades.

 

Las enfermedades y epidemias más corrientes eran los estados febriles (fiebres variadas), tuberculosis, anginas gastrointestinales, tifoideas, escorbuto, viruela, tos ferina, lepra, tétanos, difteria.  Es importante señalar, además, que como consecuencia, tanto de las luchas cívicopolíticas de variado tipo, como del predominio de estilos violentos, personas y caudillezcos, se producían gran cantidad de heridos por arma blanca y disparos de armas ligeras, así como de lances y retos individuales con coas, machetes, mochas y cuchillos, por lo que una gran cantidad de personas resultaban impedidas o afectadas severamente y su recuperación o restablecimiento resultaba muy difícil por las condiciones de los "servicios" de salud y las limitaciones de las experiencias de los agentes empíricos en las zonas rurales.

Como consecuencia, en este período del desarrollo de una economía mercantil, que permitió un mayor intercambio en el país y también con el mundo, así como con el crecimiento relativo de la clase media o pequeña burguesía en las ciudades, aumentaron un poco la cantidad de médicos y farmacéuticos, incluso aquellos que estudiaron fuera del país, sobre todo en Francia.  Sin embargo, éstos se concentraban en las ciudades (por ejemplo 18 médicos, 4 dentistas y 10 farmacéuticos en Santo Domingo y 7 médicos, 3 dentistas y 3 farmacéuticos en Santiago en 1893).  No existía todavía propiamente un "aparato" de salud estatal, lo que determinaba que la mayoría de la población urbana y rural continuara recurriendo a prácticas principalmente curativas basadas en "remedios" populares, curanderos y algunos practicantes (empíricos de la medicina).  Continuaba la utilización simultánea de la medicina científica, la medicina popular y las prácticas mágico religiosas, y entre las prácticas de medicina popular deben incluirse las realizadas por comadronas o parteras, lo que se generalizó en todo el país.

 

 

 

5.  LA SOCIEDAD DE LOS INICIOS DEL CAPITALISMO

 

 

SOCIEDAD

AMBIENTE SOCIAL Y NATURAL

 

CONDICIONES DE VIDA

 

SALUD Y PATOLOGIAS

ESTRATEGIAS PREVEN-TIVAS Y/O CURATIVAS

Esta sociedad se caracterizó por sucesivas transformaciones, desde una economía agroexportadora basada en la plantación cañera y la producción azucarera de propiedad extranjera a partir de la penetración del capital financiero europeo y norteamericano, hasta el establecimiento de una economía basada en monopolios sólidos de la agricultura, la manufactura, la industria y las finanzas.  Estas transformaciones comenzaron a producir los primeros movimientos migratorios de importancia del campo a la ciudad, ya que a inicios del siglo XX casi el 85% de la población era rural y en 1961 ya sólo vivían en esos territorios el 67% de nuestra población.

 

Para garantizar estas transformaciones se sucedieron regímenes políticos de protectorado norteamericano, intervenciones y ocupaciones extranjeras como las de 1904 y 1916-1924, así como férreas tiranías de larga duración (1930-1961).  En éstas se alternaron élites caudillistas tradicionales, agroexportadoras, de militares extranjeros, así como de caudillaje militar tiránico que encabezó Rafael L. Trujillo.

 

Esta sociedad abarcó el período que se inicia al concluir el siglo pasado hasta el año 1961 cuando fue ejecutado Trujillo.

El ambiente social se caracterizó por una coexistencia de modos de vida rural donde se combinaron intentos de crear unidades productivas modernizantes para el mercado interno y la exportación, con la persistencia de formas rurales anteriores que iban desde el conuco a la pequeña parcela campesina, pasando por unidades de colonización de tierras baldías.  Una parte importante del campesinado fue transformado progresivamente en peón, bracero, trabajador asalariado o forzado, a fines de garantizar la explotación de nuevas tierras necesarias al desarrollo rural.  Como contrapartida, la posibilidad de acumular capital desde el campo permitió el desarrollo de nuevas vías de comunicación, nuevas industrias y manufacturas, y por ende, ampliación de ciudades y puertos.

 

Este fenómeno tuvo doble implicación para el ambiente natural.  Por un lado, la ocupación de tierras forestales para la expansión de latifundios agroexportadores, y el acceso a lugares y montañas remotas que permanecían intocadas o poco perturbadas por las carreteras y puentes.  Ello implicaría que para inicio del siglo XX ya una parte importante de las reservas madereras de los valles y llanuras cercanas a ríos estaban agotadas y al año de 1961 no más de 17% de la superficie territorial tenía vocación forestal.

 

Por otro lado, el desarrollo de procesos de urbanización, con una cierta concentración industrial, manufacturera y de servicios, así como de la extensión del fenómeno de la pobreza urbana, comienzan a crear las condiciones para la aparición de áreas urbanas marginadas con alta concentración poblacional por kilómetros cuadrados y con graves implicaciones de hacinamiento para el saneamiento ambiental.

El conjunto de la población fue sometida a un pretendido proceso de "moderniza-ción", que sin embargo no mejoró sus condiciones de vida.  Aunque el proceso de descomposición del campesinado se aceleró (descampesinización), la mayoría continuó en el contexto de estrategias de sobrevivencia, como jornaleros/as o peón/a o trabajador/a de plantaciones.  Continuó viviendo en casas construidas de tablas ligeras, techadas con yaguas o de cana y con piso de tierra, utilizando hachas, machetes, colines, azadas, aunque en este período se inician procesos de mecanización de la agricultura, pero en general, en un contexto de precariedades en saberes técnicos y científicos.  Aquellos que se incorporan como peones y en la agricultura comercial a las labores urbanas y azucareras llegaron a recibir salarios de diez centavos diarios en valor en 1935 o posteriormente en el área azucarera rebajadas a 32 centavos en promedio de dos toneladas de corte de caña.  Todavía en la década de los cincuenta, por ejemplo, los salarios diarios azucareros oscilaban entre 50 centavos en el área agrícola y 75 centavos en el área industrial.  Es importante precisar que el nivel de salario entre 1951 y 1961 se estanca, y el mejor ejemplo de ello es que el índice de precios se había elevado a 241.8% mientras el salario lo hacía de 13.88% a 36.34%.  Como contrapartida de este fenómeno, las pequeñas unidades campesinas de menos de 80 tareas (es decir de subsistencia) aumentaron de 13.7% en 1950 al 22.1% en 1960.  Ello significó la creación de un sistema monopólico trujillista, sostenido en la explotación interna de los campesinos y asalariados urbanos.

Como consecuencia de estos procesos sociales y a pesar de los fenómenos de exclusión de mayorías y al producirse el inicio de los intentos de modernización del Estado a inicios de siglo, se establecen como las enfermedades y problemáticas más corrientes el colerín, paludismo, problemas cardiovasculares (principalmente infartos), tuberculosis y heridas, incapacidades y muertes por violencia de las guerras civiles, tifoidea, viruela, venéreas y anemia por deficiencias alimenticias.

 

Se ha señalado de nuevo para este período, lo problemático de las tradiciones de higiene y aseo personal, situación que tendía a agravarse por la falta de uso de calzado en la zona rural y los problemas crecientes de ornato y limpieza  urbanos en las ciudades en crecimiento.

 

Para estos períodos se indican, además, como causas en el sistema social que comienza a tener un nuevo peso, la basura en ciudades y pueblos, drogas narcóticas, prostitución, venta de comida callejera y desagües pluviales inadecuados.

 

A pesar de la superación relativa de algunas enfermedades y epidemias heredadas del período colonial y del mercantil, se mantiene una contradicción severa entre las condiciones de vida (predominio del campesinado pobre y asalariado urbano y del sector agroexportador con bajos ingresos) y la coerción dictatorial lo que produce un sistemático desgaste de la fuerza laboral por la sobreexplotación de la dictadura trujillista en búsqueda de incremento de la aproductividad para la ganancia.  El uso del espionaje, la represión y el terror, afectaron sensiblemente la subjetividad de las personas, generando un clima de miedo, desconfianza y suspicacia en el conjunto de la población.

En este período se comienzan a implementar los primeros intentos de "modernización" de los sistemas de salud que se corresponden con la construcción de un Estado centralizado que pretende superar el liderazgo caudillista regional.  Además y como necesidad de conservar una fuerza laboral con creciente productividad y con bajos salarios, se extienden la cobertura de servicio de salud, el suministro de agua potable y electricidad.

 

En este período se incrementa de manera relativa el personal especializado del saber de la salud y sanidad, a saber, médicos, farmacéuticos, así como también la planta física hospitalaria, las campañas preventivas de vacunación, la obligatoriedad en zonas urbanas del suministro de agua oficial (conexión obligatoria al acueducto y cierre de aljibes y pozos), así como énfasis en el uso obligatorio del calzado e intento de mantener un cierto ornato urbano.  Las estrategias preventivas y curativas desde el Estado están orientadas a mantener la acumulación sostenida (creación de riqueza en condiciones capitalistas) y ampliar la clientela social (apoyo popular como respuesta a lo que se entiende es dádiva).  Con esto coexiste la práctica popular mágico religiosa médica que se oculta y sobrevive para evitar la persecución de la dictadura (de ocupación norteamericana, como en el caso de Liborio o de la tiranía trujillista en cuanto a los cultos afrocaribeños), y prácticas de apoyo a la vida de los sectores populares.

 

 

 

6.  LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

 

 

SOCIEDAD

 

AMBIENTE SOCIAL Y NATURAL

 

CONDICIONES DE VIDA

 

SALUD Y PATOLOGÍAS

ESTRATEGIAS PREVENTIVAS Y/O CURATIVAS

La sociedad en la cual vivimos hoy se caracteriza por un rápido proceso de transformación de una economía agraria agro-exportadora (azúcar, cacao, café, tabaco, predominan-temente) a una economía de servicios abierta a la economía capitalista mundial (zonas francas, turismo, agroindustria y sector financiero) que ha producido un reordenamiento total de la población, pasando de mayorita-riamente rural (67% en 1961) a predominantemente urbana (66% en 1995) y con una emigración de 1 millón de dominicanos en el exterior (Estados Unidos, Puerto Rico, Venezuela, Europa).  Esta población es crecientemente empobrecida pasando de un 47% de pobres en 1984 a un 62% de pobres de un total de por lo menos 7.8 millones de habitantes en 1995.

 

Para producir esta transformación en la economía, el reordenamiento de la población en las ciudades, la expulsión al exterior de una parte de ella y el empobrecimiento masivo del conjunto social, así como el enriquecimiento de una pequeña élite criolla y extranjera (menos del 5% del total) el estado organizado se ha fortalecido al través de un proceso de hacerlo autoritario por vía de golpes de estado (1963), intervenciones extranjeras (1965), gobiernos centralizados e impersonales o caudillezcos, utilización de grupos paramilitares, fraudes electorales y en sentido general situaciones seudodemocráticos y antidemocráticas de variada (1966 al 1995) naturaleza.

El ambiente social se caracteriza por un definitivo proceso de descampesinización (descomposición del campesinado y emigración) que ha arrojado el resultado de más de medio millón de campesinos sin tierra y la concentración de la propiedad (5.5 millones de tareas de tierra) en menos de 150 compañías y personas.  La progresiva liquidación de la economía campesina determinó que ya en 1975 se perdiera la autosuficiente en la producción de alimentos y que en 1990 los sistemas campesinos solo produjeran cerca del 25% de los alimentos.  Como consecuencia de la descampesinización se han producido masivos procesos de urbanización que han concentrado en pocas ciudades, sobre todo en el Distrito Nacional, cerca del 34% de la población total, en barrios populares marginales excluidos que en el caso de la capital concentran el 79% de la población en el 35% del territorio de la capital.

 

Las transformación del ambiente rural ha significado la pérdida masiva de territorios de bosques llegando hasta una situación catastrófica del 8% en la actualidad, un deterioro del ecosistema costero por la destrucción de barreras coralíferas y manglares y contaminación urbana por desechos sólidos, además de los resultados críticos productos del hacinamiento poblacional en los sectores y territorios populares.

 

Estos procesos se dan en un contexto cultural occidental que estimula, vía  los medios de comunicación y los contactos de la emigración, el hedonismo, el consumismo, la violencia, la agresividad, el individualismo y la depredación del medio.

El agravamiento de las condiciones de vida en los modo campesinos de vida se debe fundamentalmente a la creciente penetración y desarrollo de la agricultura comercial de exportación, aunque ello ha significado globalmente la reducción de las exportaciones agrícolas un 21.5% y el azúcar 9.9% con la virtual quiebra del Consejo Estatal del Azúcar.  En este contexto se produce una erosión del salario real de las mayorías y una concentración del ingreso en el grupo social más alto subiendo del 33.2% en 1984 a 44.2% en 1989, mientras el grupo social marginal o popular recibía el 2.1% del ingreso familiar en 1984 y solo el 0.8% en 1989.  Se produjo un incremento de más de 1 millón de pobres desde 1984, el salario real disminuyó un 42.3%, la tasa de desempleo se elevó de un 23% al 27% y el consumo per cápita de calorías se redujo en un 7%.

 

En el período 1980-1990 (una década) los precios de la canasta familiar aumentaron en por lo menos 400%, el índice de precios al consumidor en 467%, mientras los salarios solo lo hicieron un 20% determinando con ello que la renta de la ganancia del grupo de mayores ingresos creciera en un 500%.

 

Esta polarización social se expresa en que el casi 40% viva en las áreas territoriales más desfavorecidas (22 de las 30 provincias), estando el 34% de la población en el Distrito Nacional, con una  población hacinada en barrios populares ya que en materia de viviendas el 64.33% de ellas se concentraba en el 18.62% del territorio.  El agravamiento de las condiciones de vida se expresa dramáticamente en la población infantil actual:  la proporción de niños desnutridos fue casi dos veces más alta en la zona rural que urbana (26.3% frente a 14.6%), como resultado de la destrucción progresiva de la economía campesina.

Las patologías responsables de mortalidad más recien-te en este contexto y en este proceso fueron prepon-derantemente:  infarto agudo del miocardio, infeccio-nes gastrointestinales, disritmia cardiaca, cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado, así como los accidentes de tráfico de vehículos de motor.  En cuanto a las enfermedades transmisibles responsables de mortalidad señalamos la tuberculosis pulmonar, sífilis, blenorragia, fiebre tifoidea y paratifoidea, hepa-titis, entre otras.  Ahora bien, es significativa señalar cómo los procesos de urbanización y hacinamiento de exclusión, la crisis de las economías campesinas, el aumento de la circulación vehicular y en sentido general el clima sico-social determinan crecientemente patologías típicamente urbanas, entre ellas el stress.

 

En cuanto a los niños y niñas es importante precisar que las principales causas de mortalidad de este grupo (de 1 a 4 años) son las enfermedades diarreicas de origen infeccioso, la desnutrición, el sarampión y las bronconeumonías provocadas por microorga-nismos.  Para 1991 había 619,501 menores de 10 a 19 años en situación de pobreza extrema, 58,000 deambulantes en las calles, 10,000 niños de las calles, 1,748 habían asumido la jefatura del hogar y 34,810 residían en esas condiciones en comunidades agrícolas.  La mayoría de niños y niñas del sector informal (chiripero) habían sido abusados por perso-nas mayores, los niños de la calle habían consumido drogas.  El 20.9% de mujeres embarazadas de una muestra tenían menos de 20 años y la toxemia, hemorragias de embarazos y abortos fueron las causas más importantes de defunción materna.

 

En cuanto a las patologías y salud ocupacional (del trabajo) se establecieron la intoxicación por metales pesados (34%), lumbalgia por esfuerzo o carga, dermatosis (piel) (15.8%), problemas respiratorios (17%), hipertensión (12.7%), trauma acústico (sonido) crónico (11%).

 

En cuanto al SIDA y otras enfermedades de de transmisión sexual se ha producido un crecimiento sostenible del mismo calculándose que al iniciar el siglo próximo contaremos con cerca de 300,000 portadores, la mayoría heterosexuales, así como en menor grado adictos a drogas, homosexuales y bisexuales y una población derivada de transfusiones sanguíneas.  El 36% de los actuales portadores es heterosexual.

En este periodo se da continuidad al fortalecimiento de estrategias referidas a una concepción administrativa de prevenir y curar.  Es decir, considerar que un aparato estatal modernizado es capaz de actuar en la sociedad como controlador de patologías y erradicador de las mismas al margen de transformar las relaciones sociales.  Se incrementó el personal técnico, la planta hospitalaria, la cobertura (aunque solo llegó al 40% de la población), las inmunizaciones (campañas de vacunación masivas), más acueductos y presas (aún el 40% de la población carece de agua a domicilio), pero solo el 20% de la población está conectada a la red pública del alcantarillado y el 40% posee fosas sépticas y letrinas.  Es decir, que a pesar de estrategias para "modernizar" el aparato administrativo y hacer énfasis en cobertura e inmunización, todavía no se asume la salud como un ambiente bio-sico-social adecuada a las personas.

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