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La obesidad y la leptina.

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La obesidad es una patología ampliamente extendida, de elevada prevalencia en los países industrializados, y se considera uno de los principales problemas de salud de la sociedad moderna1



La obesidad se define como un exceso de almacenamiento de energía en forma de grasa, es decir, se caracteriza por un aumento del tejido adiposo que no guarda proporción con el depósito proteico ni de hidratos de carbono.

Esta situación aparece como resultado del balance entre el consumo calórico y el gasto energético del individuo (Fig. 1). Las causas que condicionan un balance de energía positivo, es decir, un exceso de energía consumida frente al gasto realizado, parecen derivar de la combinación de factores ambientales y factores neuroendocrinos con una cierta predisposición genética, en algunos casos.


Existen numerosos factores neuroendocrinos encargados de regular la ingesta y el balance energéticos, como son los agentes b-adrenérgicos, la colecistoquinina o el neuropéptido Y, entre otros. Sin embargo, fue el descubrimiento de la leptina el desencadenante de múltiples investigaciones destinadas a establecer los mecanismos implicados en esta homeostasis2,3.

ANTECEDENTES
La homeostasis energética del organismo permite establecer una estabilización del peso corporal y de la masa grasa a través de una red compleja de sistemas fisiológicos que regulan el aporte, el gasto y el almacenamiento de las reservas energéticas.

Para llevar a cabo este proceso, debe existir un mecanismo que señalice el nivel de reservas energéticas y mande una señal que se pueda transmitir a los centros reguladores del organismo. De este modo, los lugares de control del sistema nervioso central (SNC) y, en particular, del hipotálamo, deben poder recibir e integrar el mensaje sobre el estado del depósito energético. Por tanto, debe existir un mecanismo que module las señales periféricas y los centros nerviosos, para intervenir en la regulación de los dos componentes del balance energético, el aporte y el gasto de energía (Fig. 2)2.


La existencia de un sistema de regulación del acúmulo graso a través de una señal producida por los propios adipocitos fue propuesta hace más de cuatro décadas por Kennedy4. Esta teoría lipostática postula la existencia de un factor humoral procedente del metabolismo del tejido graso que, a través de su acción hipotalámica, informa al SNC sobre el grado de adiposidad corporal modulando, así, el balance de energía. Sin embargo, las bases moleculares de esta hipótesis lipostática no fueron establecidas hasta el descubrimiento de la proteína ob y de sus receptores.

Ese trabajo de Kennedy puso de manifiesto diversas conclusiones como el hecho de que el porcentaje de grasa corporal es un fiel reflejo de los cambios sufridos en el balance energético a lo largo del tiempo. Por otro lado, el hecho de que la masa grasa corporal se mantenga relativamente estable en el tiempo hace pensar en la existencia de mecanismos reguladores que permitan equilibrar las entradas y las pérdidas energéticas. Asimismo, cuando se somete a los animales a cambios en el balance energético (bien por sobrealimentación, frío, estrés, ayuno, etc.) se activan procesos destinados a revertir, igualmente, los cambios producidos en el tamaño del tejido adiposo. Por último, este autor observó que la lesión del núcleo ventromedial hipotalámico o centro de la saciedad produce hiperfagia y obesidad.
En 1958, Hervey realizó experimentos de parabiosis (es decir, puesta en contacto de los sistemas capilares de dos animales mediante cirugía) entre una rata obesa a causa de una lesión hipotalámica ventromedial y una rata normal y observó que este procedimiento conlleva la muerte del animal sano por caquexia5. Según Hervey, el animal obeso produce un factor “anorexígeno” circulante al que él no es sensible debido a su lesión hipotalámica. Estos trabajos de parabiosis fueron corroborados por otros ensayos sobre otros modelos animales de obesidad genética.

Así, Hausberger6 mostró que el aumento de peso de los ratones ob/ob se puede prevenir mediante parabiosis con un ratón normal, concluyendo que el ratón ob/ob carece de un factor saciante que puede serle transmitido por vía sistémica desde un ratón sano. En 1973, a través de diversos experimentos entre ratones normales, ob/ob y db/db, Colemanpuso de relieve la existencia de un factor saciante transferible. Los resultados de parabiosis obtenidos por este autor indicaron que cuando se ponen en contacto dos ratones normales y uno de ellos es sobrealimentado, el otro miembro de la pareja reduce de forma importante su ingesta y peso. Se observó el mismo efecto al combinar un ratón normal con un ratón obeso por lesión hipotalámica. Por el contrario, la parabiosis entre un ratón ob/ob y uno normal consigue reducir la ingesta y el peso corporal del obeso, lo que hace pensar que el ratón ob/ob carece de una sustancia que le permita controlar la ingesta. En el caso del ratón db/db, que presenta un fenotipo de hiperfagia, diabetes e hiperlipidemia idéntico al del ratón ob/ob, su parabiosis con un ratón normal no afecta al primero de ellos pero produce anorexia en el ratón normal.

A la vista de estos datos, se concluyó que debía existir una sustancia con poder saciante a nivel central, cuya ausencia (en el caso del ratón ob/ob) o falta de actividad (en el caso del ratón db/db) era responsable, al menos en parte, de las alteraciones fenotípicas observadas en los modelos de obesidad genética.



Estos estudios no encontraron una confirmación evidente hasta el descubrimiento de aquella hormona adipostática con poder saciante a finales de 19948, que se denominó leptina.

LEPTINA: LA MOLÉCULA
El gen ob se encuentra en el cromosoma 6, en el caso del ratón8, y en el cromosoma 7q31.3, en humanos9. El gen ob incluye 650 kb y está constituido por tres exones separados por 2 intrones. La región que codifica para la síntesis de la leptina se localiza en los exones 2 y 3. La región promotora está regulada por diversos elementos como el AMP cíclico o los glucocorticoides10, aunque aún se desconocen las regiones responsables de la expresión específica de la masa adiposa o de la regulación en los cambios sufridos en el depósito adiposo o en el balance energético.

El producto del gen ob se denomina leptina, que proviene de la palabra griega leptos, delgado. La leptina es un péptido de 167 aminoácidos, con una secuencia señal de 21 aminoácidos que se escinde antes de que la leptina pase al torrente circulatorio. Esta proteína madura de 146 aminoácidos y 16 Kda presenta una estructura terciaria similar a la estructura de la citoquinas clásicas de hélice larga, como la interleukina 211. Además, contiene una unión disulfuro intercadena necesaria, al parecer, para desarrollar su actividad biológica. La secuencia aminoacídica presenta muy pocas diferencias interespecies, así, la leptina humana presenta una homología del 84% con la proteína de ratón y del 83% con la leptina de rata8.

La leptina presenta un ritmo circadiano relacionado, entre otros, con la pauta de ingesta, aumentando a lo largo del día en humanos (de hábitos diurnos) y reduciéndose en el caso de roedores (de hábitos nocturnos)12. La secreción es pulsátil y está modulada por la insulina13 y otras hormonas12. No se conoce exactamente el mecanismo responsable del valor máximo de leptina a lo largo del día en los humanos, aunque parece estar modulado por el régimen de horas de luz/oscuridad, la ingesta y las horas de sueño del individuo
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Una vez secretada al torrente circulatorio, la leptina circula parcialmente unida a proteínas plasmásticas. Los niveles séricos de leptina en personas con normopeso oscilan en el rango de 1-15 ng/ml, aunque en individuos con un índice de masa corporal (IMC) superior a 30 se pueden encontrar valores de 30 ng/ml o incluso superiores. El aclaramiento de la leptina es rápido, con una vida media de unos 25 minutos en el caso de la endógena y de 90 minutos aproximadamente en el caso de la leptina exógena14. Este tipo de eliminación lleva a pensar que existe una secreción continuada de proteína ob por las células adiposas, que pueden corresponderse con la teoría del factor adipostático descrito por Coleman7. La eliminación se produce, en gran parte, a nivel renal14.

SÍNTESIS DE LEPTINA
La síntesis de la proteína ob ocurre principalmente, aunque no de forma exclusiva, a nivel del tejido adiposo blanco (TAB). Este hecho permitió proponer que la secreción de leptina actúa como señal al cerebro, informando sobre el tamaño del tejido adiposo y actuando como factor saciante. En otras palabras, el descubrimiento de la leptina permitió dotar de una base molecular a la teoría lipostática de la regulación del balance energético postulada décadas atrás15.

Por otro lado, el tejido adiposo marrón (TAM) también sintetiza leptina, aunque la expresión del gen ob es, en este caso, inferior al de TAB15. El papel de la leptina secretada en el TAM no está claro aunque pudiera ser únicamente un aporte extra al pool de leptina circulante como reflejo del total del tejido adiposo.



Durante la pasada década, numerosos trabajos pusieron de manifiesto la heterogeneidad del TAB, y la importancia de la localización del TAB en el desarrollo de obesidad y otras enfermedades relacionadas. En este caso, si bien la producción de leptina se reconoce en todos los tejidos adiposos blancos, se ha visto que en el individuo adulto el depósito adiposo subcutáneo presenta mayores niveles de RNAm ob, comparándolos con panículo adiposo omental.

Por otro lado, la producción de leptina a nivel de la placenta sugiere, sin embargo, un nuevo argumento sobre la biología de esta molécula16. A escala placentaria y del cordón umbilical, la leptina podría actuar como un factor de crecimiento o como una señal del estatus nutritivo y energético entre la madre y el feto, asegurando un adecuado aporte alimentario.

Más recientemente, se ha detectado la producción de leptina en las células de las glándulas fúndicas del estómago17, cuya secreción está inhibida por diversos factores como son la ingesta o la administración intraperitoneal de CCK y gastrina, originando un aumento colateral de los niveles plasmáticos.

EFECTOS FISIOLÓGICOS DE LA LEPTINA
Regulación del balance energético: control del apetito y del peso corporal
El mayor énfasis de los estudios realizados en los últimos años se han destinado a evaluar el papel de la leptina como factor saciante y regulador de la ingesta. En los roedores, particularmente en los ratones ob/ob, la administración central y periférica de leptina provoca una pérdida de apetito y una disminución del peso corporal mediada por una reducción del depósito grasa, principalmente18,19.

No se conoce con exactitud el mecanismo responsable aunque diversos trabajos sugieren la posibilidad de que la leptina ejerza este efecto a nivel cerebral a través de mediadores como el neuropéptido Y, la hormona estimulante de los melanocitos (aMSH), el péptido Agouti Related (AgRP), la hormona liberadora de corticotropina (CRH) o la colecistoquinina (CCK) entre otros20-22. Actualmente, este campo de los neurotransmisores y neuropéptidos con papel orexígeno y anorexigénico a nivel central es objeto de un amplio estudio por numerosos grupos de investigación, con lo que es posible que en breve se conozcan con precisión los mecanismos responsables del control de la ingesta a nivel del sistema nervioso central (Tabla 1)23.


Diversos autores han descrito que en situaciones de balance energético positivo se observa un aumento de los niveles de leptina, sin originarse previos cambios en el acúmulo adiposo, que provoca un incremento del consumo de oxígeno tisular así como de la termogénesis y de la tasa metabólica. La leptina parece intervenir, por tanto, en la homeostasis energética evitando un incremento excesivo del porcentaje graso24,3.

Del mismo modo, un balance de energía negativo se acompaña de una reducción del nivel leptina, sin una modificación inicial del depósito graso.

En este sentido, la pérdida de peso observada tras la administración de leptina en ratones ob/ob puede ser atribuible a la unión de estos dos efectos: un descenso de la ingesta junto a un paralelo aumento del gasto energético25.

Reproducción
La administración de leptina recupera la fertilidad en los ratones hembra ob/ob, que son infértiles16, además de acelerar el proceso de desarrollo puberal. La proteína ob podría jugar un papel como una hormona señalizadora de la masa adiposa total, corroborándose la relación ancestral entre acúmulo graso previo a la menarquía y a la fertilidad, descrito en mujeres. Esta idea aparece reforzada con la existencia de amenorrea secundaria en mujeres con desnutrición severa provocada por anorexia nerviosa, que además presentan niveles séricos de proteína ob muy bajos. Se observan, sin embargo, lagunas respecto al papel real de las hormonas sexuales y la hormona de crecimiento sobre los niveles de leptina circulantes.

Algunos trabajos también han registrado un incremento de la concentración de leptina durante el parto, llegando incluso a duplicarse, mientras que existe una reducción de esta hormona tras el parto y un proceso de desensibilización de los receptores hipotalámicos que se han relacionado con la dificultad para perder peso en el período postparto26.

Efectos metabólicos sobre lípidos y glúcidos
A nivel del metabolismo de la glucosa, la administración de leptina exógena normaliza la hiperglucemia y la hiperinsulinemia observada en los modelos animales de obesidad genética. Entre los mecanismo implicados, la leptina inhibe la secreción de insulina por las células b-pancreáticas, estimula la utilización de glucosa, particularmente mediante la captación desde el músculo esquelético y promueve el transporte de glucosa a través del intestino delgado15.

Sobre el metabolismo lipídico, estimula la lipólisis en el adipocito, tanto in vivo como in vitro, provoca una modificación del reparto lipídico en el tejido muscular, estimula la termogénesis en el TAM y es capaz de aumentar la síntesis de ácidos grasos en el hígado27.

Otros efectos
Los efectos fisiológicos de la leptina estimulando la proliferación y diferenciación de las células hematopoyéticas y de la angiogénesis fueron demostrados en numerosos estudios realizados tras el descubrimiento de la proteína15

La leptina parece intervenir en la modulación de la respuesta inmune y, así, varios estudios han recogido que la actividad fagocítica de los macrófagos, la proliferación de monocitos y linfocitos T, así como la liberación de algunas citoquinas inflamatorias se encuentra estimulada por la leptina28.

La expresión local de la proteína ob a nivel gástrico aparece como un factor de saciedad, mientras que a nivel intestinal podría intervenir controlando la absorción de nutrientes y la motilidad del intestino.
Se ha observado que esta hormona estimula la actividad del SNS a nivel del TAM, glándulas adrenales, riñón y musculatura esquelética. Este hecho sugiere un aumento del gasto energético, una regulación del sistema cardiovascular y de la función renal a través del SNC, que podría estar relacionada con las alteraciones que ocurren en situaciones de obesidad29.

La leptina parece estar también implicada en el desarrollo cerebral, como sugiere el hecho de que en ratones ob/ob y db/db presenten un menor peso cerebral, defectos estructurales de las neuronas o mielinización inadecuada27.

FACTORES REGULADORES DE LA EXPRESIÓN DEL GEN OB Y DE LA LEPTINA CIRCULANTE
Masa adiposa total
Como se ha mencionado anteriormente, la concentración de leptina circulante puede considerarse un “marcador” de las reservas energéticas, ya que refleja el depósito adiposo del organismo. En la figura 3 se recogen datos propios de leptina sérica en ratas hembra normales y con sobrepeso dietético30.
Se ha recogido en la literatura que la leptina plasmática presenta un dimorfismo sexual31, mostrando concentraciones más elevadas en el caso de las mujeres. Rosenbaum y col32 atribuyen a los andrógenos un efecto supresor de la secreción de leptina. Así, estudios posteriores realizados en hombres con hipogonadismo y bajo nivel de testosterona que presentaron altos niveles de leptina corroboran esta hipótesis31. Además, se han publicado varios trabajos que correlacionan positivamente los estrógenos con esta proteína.

 

 

 

 

 

 

 

Por otro lado, algunos autores encuentran diferencias relacionadas con la edad, si bien esté factor está aún sometido a controversia, por su confluencia con otros factores hormonales determinantes como el inicio de la pubertad o la menopausia.

Aunque su asociación con el IMC y la masa grasa está bien establecida, aún existen discrepancias en cuanto a la importancia de cada localización de depósito adiposo en la síntesis de esta hormona. Diversos trabajos señalan que, en humanos, el tejido adiposo subcutáneo presenta la mayor expresión de RNAm ob, mientras que el caso de los roedores existen variaciones importantes ligadas al desarrollo del animal15.

Estado nutritivo 
La expresión del gen ob está sujeta a regulación nutricional. Así, un exceso de ingesta provoca un aumento en los niveles de RNAm ob mientras que el ayuno produce una disminución, sin cambios notables en el tejido adiposo24. Cuando ambas situaciones se normalizan, la leptina alcanza niveles basales. Según datos propios, la cuantificación de los niveles de leptina en ratas normales y con sobrepeso dietético indicó que tras 24 horas de ayuno se produce una reducción notable de la leptina circulante, que afectó a ambos grupos experimentales, independientemente del porcentaje de grasa corporal (Fig. 3). 

En cuanto a la composición en nutrientes de la dieta, existe controversia aunque estudios propios30pusieron de manifiesto que, en situación de restricción energética, la composición de la dieta no modifica los niveles de leptina y, por tanto, la concentración sérica aparece más estrechamente relacionada con otros factores como el porcentaje de grasa corporal o el déficit energético.

Regulación hormonal
La producción y los niveles plasmáticos de leptina se encuentran regulados por factores hormonales. 
Diversos estudios muestran que la insulina estimula la expresión del gen ob en roedores, tanto in vivo como in vitro, a la vez que varios trabajos en humanos indican una correlación entre los niveles basales de insulina y la leptina en plasma13,33. A pesar de esto, otros estudios no encuentran asociación entre ambas hormonas.

El factor de necrosis tumoral, TNF-a y la interleukina-1, principalmente, son citoquinas que parecen aumentar la expresión y los niveles en plasma de leptina, tanto en roedores como en humanos27.
En cuanto a los esteroides sexuales, varios estudios apoyan la hipótesis de que los valores de leptina pueden estar modulados por estas hormonas, aumentando su producción, en el caso de los estrógenos y reduciéndola, en el caso de la testosterona. Como se ha mencionado anteriormente, estos cambios en la concentración de leptina se han relacionado con la aparición de la menarquia, amenorrea o infertilidad, entre otros.

La administración de glucocorticoides, en concreto, el cortisol consigue aumentar la expresión del gen ob en humanos34, mientras que estudios in vitro e in vivo realizados en ratas mostraron que la administración de glucocorticoides provoca un pérdida ponderal acompañada de un incremento en la síntesis de RNAm a nivel adiposo35.

El papel de las hormonas tiroideas sobre la producción de leptina no parece del todo evidente aunque algunos trabajos hayan sugerido una correlación negativa cuando se administran triiodotironina y tiroxina sobre animales roedores36

Existen otras sustancias reguladoras como el ácido retinoico, que suprime la expresión del gen ob o la apoproteína 2, cuya inactivación provoca un descenso de la expresión del TNF-a en el tejido adiposo.
Regulación nerviosa: sistema nervioso simpático

La leptina también está sujeta a regulación nerviosa, principalmente mediada a través del sistema nervioso simpático (SNS)37

El SNS se sitúan en una posición adecuada tanto anatómica como fisiológicamente para poder regular el reparto de nutrientes, la disponibilidad de sustratos y, por tanto, la homeostasis del peso corporal.
Estos efectos se pueden alcanzar directamente, a través de los receptores en el tejido adiposo, o indirectamente, mediante señales hormonales sobre los adipocitos procedentes de la acción del SNS sobre el estómago, hígado, páncreas y otros órganos endocrinos37.

El SNS posee un efecto supresor sobre la expresión del gen ob. Diversos estudios han descrito que la administración de catecolaminas, noradrenalina e isoprenalina, origina una inhibición de la expresión del gen ob en el TAB y una disminución de los niveles circulantes de leptina15. Así mismo, el empleo de un potente inhibidor del SNS, como es la a-metil-p-tirosina, aumentó de forma muy importante la producción de leptina en ratones, tal y como mostraron estudios propios38.

Numerosos trabajos postulan que la estimulación adrenérgica, implicada en la respuesta lipolítica del adipocito, es capaz de inhibir la expresión de la leptina a través de la vía del AMPc, como reflejan los estudios realizados con los agentes b3- adrenérgicos38.

Por otro lado, el SNS parece intervenir en la reducción de los niveles circulantes de leptina ante estímulos como el frío, el consumo de tabaco u otros factores como el ejercicio físico39.

RECEPTORES DE LA LEPTINA
El receptor de leptina (Ob-R) fue descubierto por Tartaglia y col40 en el plexo coroide de ratón, y consiste en una proteína de membrana homóloga al receptor de la familia de citoquinas de clase 1, incluyendo receptores para la interleukina 6 (IL 6), factor inhibidor de la leucemia (LIF), factor estimulante de la colonia de granulocitos (GCSF) y glicoproteína 13041. Este autor observó que la secuencia y la expresión del receptor clonado inicialmente era normal en el ratón db/db, prediciendo que la mutación db debería afectar a una isoforma alternativa de este receptor. De hecho, existen múltiples variantes de RNAm del receptor ob que codifica, al menos 6 isoformas del receptor ob. Estas variantes presentan un dominio extracelular idéntico en el residuo aminoacídico terminal mientras que difieren en el residuo terminal carboxilo. El receptor Ob-Re carece de dominios transmembrana e intracelular y circula como un receptor soluble41 (Fig. 4). Las isoformas Ob-Ra, Ob-Rb, Ob-Rc, Ob-Rd y Ob-Rf presentan dominios transmembrana, aunque solamente el receptor Ob-Rb, que es la isoforma más larga, contiene una región Box 2 que permite la activación de la Janus Kinasa (JAK). Según se ha descrito, una vez que la leptina se une al receptor Ob, éste se dimeriza y se puede unir a estas proteínas JAK que, a su vez, fosforilan residuos de tirosina que serán, entonces reconocidos por las proteínas STAT (Signal Transducer and Activator of Transcription) citosólicas que se unen a estos residuos de tirosina fosforilados. Por su parte, las proteínas Janus Kinasa fosforilan a estas proteínas formándose dímeros de proteínas STAT que son capaces de activar la transcripción de determinados genes diana en el núcleo celular42,43.

 


Como ya supuso Tartaglia y col40, la mutación del receptor de la leptina causa la aparición precoz de obesidad en ratones. En el ratón db/db C57B1/Ks se produce una alteración en la transcripción del RNAm Ob-Rb que lleva a la síntesis de un receptor modificado incapaz de mediar la señalización mediante JAK-STAT42. En otras situaciones, como son los ratones dbPas/dbPas y db3J/dbP3J, las mutaciones conllevan una falta de los dominios transmembrana e intracitoplasmáticos, que implica la falta de todas las isoformas, provocando insensibilidad a la leptina, hiperfagia, trastornos metabólicos, obesidad mórbida y alteraciones neuroendocrinas44.

Además de la existencia de receptores ob de dominio intracelular en el plexo coroideo, se han encontrado receptores ob en regiones hipotalámicas tales como el núcleo arcuato, paraventricular y ventromedial, implicadas en la regulación del balance energético39.

Este hecho reafirma la idea de que la proteína ob se une a los receptores de los plexos coroideos, siendo transportada al líquido cefalorraquídeo (LCR), atravesando la barrera hematoencefálica y se permite así su unión a localizaciones específicas del SNC. Además, los individuos obesos presentan una proporción LCR/sangre menor a la de individuos delgados45,46.

Fuera del SNC, aparecen receptores ob en numerosos tejidos periféricos como son el pulmón, riñón, hígado, músculo esquelético, tejido adiposo, testículos, islotes pancreáticos y células hematopoyéticas15.

Las mutaciones de receptores son extremamente raras en humanos, Clement y col47 describió los primeros casos de mutaciones en el receptor ob humano en tres hermanas de una familia consaguínea de Kabilian. En este caso existe una alteración a nivel del exón 16 que se traduce en un receptor sin los dominios transmembrana e intracelular, dando lugar a un Ob-R mutado circulante que conserva la capacidad de unirse a la leptina47.

LEPTINA Y OBESIDAD
Tal y como en numerosas investigaciones se ha puesto de manifiesto, no existe alteración del gen ob en la mayoría de situaciones de obesidad humana. Sólo se han recogido un número pequeño de casos donde existan mutaciones que conllevan la anulación de la expresión del gen ob y son responsables de la obesidad47-49. De hecho, un gran porcentaje de los casos de obesidad humana cursa con niveles elevados de leptina aunque se observa, sin embargo, una relativa insensibilidad a esta leptina endógena23. Por esto, la administración de leptina podría ser eficaz en menos del 5% de los obesos, según los pronósticos más optimistas23.

La leptina pasa al SNC a través de un sistema transportador saturable mediado por una de las isoformas de Ob-R. Como se ha mencionado anteriormente, en individuos delgados existe una adecuada relación entre los niveles de leptina del LCR y sanguíneos, pero en el caso de los obesos parece ser que la mayor concentración de leptina sérica circulante no se corresponde con un aumento de esta a nivel del líquido cefalorraquídeo.

Por otro lado, existen trabajos contradictorios en cuanto a los efectos de la inyección intracerebroventricular (icv) de leptina en ratas fa/fa. Algunos estudios han descrito una reducción de la ingesta en respuesta a esta administracion icv, aunque otros autores no observaron apenas efecto50.
Aunque no se conocen exactamente todos los mecanismos implicados, a la vista de los conocimientos actuales, la posible relación que se puede establecer entre leptina y obesidad parece ligada a una situación de resistencia a la leptina más que a una deficiencia de ésta.

El avance que supuso el descubrimiento de esta molécula y el posterior estudio de su regulación, conexiones y efectos sobre el SNC están resultando fundamentales en la compresión del sistema de regulación del balance energético. 

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Comentarios La obesidad y la leptina.

tengo la leptina en 26% y para mi es demasiado dificil bajar de peso, que especiliasta me pude ayudar en este manejo
liliam beatriz ramir liliam beatriz ramir 05/09/2011 a las 18:32

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