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Ley de salud Estdos Unidos esconde mucha información.

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Estados Unidos es hoy día un volcán en erupción en lo que se refiere al debate sobre la reforma de salud, propuesta por el presidente Barack Obama. Datos sobre la crisis del actual sistema, argumentos a favor y en contra de la reforma, y ataques y defensas de unos contra otros dominan este debate. La realidad es que casi nadie conoce suficientes detalles del documento de mil páginas que Obama presentó al Congreso, ni de los tres borradores que hay en las dos cámaras federales en cuanto a la reforma.

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Los defensores del plan piensan que los altos costos de la salud, la corrupción del sistema plagado de fraudes e irregularidades, y el provecho que sacan de este caos las compañías de seguros y otras regiones del sistema en perjuicio del paciente, son suficientes para aprobar una reforma. Los críticos del plan acusan al presidente de querer implantar un sistema socialista en el área de la salud, de rebajar la calidad de los servicios médicos y de poner al gobierno en control de la vida privada de los ciudadanos.

A finales de julio de 2009, publiqué un reportaje titulado Debate sobre la salud pública en Estados Unidos, que es más un informe de la situación de la salubridad estadounidense que una crónica del debate mismo. Invertí unos cinco días en el proceso de investigación, y otros dos en la redacción. En todo ese tiempo, apenas encontré información de los detalles específicos del plan de Obama. Mucho de menos de los tres borradores que hay en cinco comités del Senado y la Cámara, de los cuales uno sería el proyecto de ley que se sometería a votación.

Es obvio que el presidente y sus aliados en este proyecto deben esforzarse mucho más en explicar en qué consiste la reforma. Quizás ha sido una mala idea que se hayan concentrado, sobre todo, en responder a las críticas. El gobierno tiene una página web titulada Reforma del sistema de salud, en la que hay mucho material para consultar, en el que se enfatiza la necesidad de una reforma, pero no muchos detalles de la reforma misma.

Sin embargo, hay ciertos principios que se deben tomar en cuenta para saber si es necesaria o no una reforma. El sólo hecho de que Estados Unidos sea el país que más dinero gasta en salud pública, y no sea precisamente el que tiene la mejor salubridad entre los 12 países más ricos del mundo, ya es una señal de alarma. Me impresionó mucho durante la preparación del reportaje, saber que aquí tenemos una expectativa de vida de 78 años, mientras que Canadá, país vecino con medicina socializada muy criticada por los opositores de la reforma, tiene un nivel mucho más alto en ese renglón, 82 años.

En el seguimiento de las asambleas comuntarias en las que se desarrolla el debate, descubrí que hay personas que defienden vehementemente el punto de que el gobierno esté lo más lejos posible del sistema de salud, y al mismo tiempo no quieren que nadie toque sus beneficios del seguro público del Medicare. Malas noticias para estos últimos, porque los seguros públicos del Medicare y Medicaid han sido administrados por el gobierno federal de Estados Unidos desde que el presidente Lyndon B. Johnson los proclamó con su firma, el 30 de julio de 1965. El primer beneficiario del Medicare fue el ex presidente Harry Truman, quien propuso ese plan en 1945. Esto quiere decir que durante 20 años, Estados Unidos se enfrascó en un debate muy similar al de hoy día, igualmente con partidarios del sistema público administrado por el gobierno y críticos de esta fórmula. Por lo tanto, es irónico que algunas personas se opongan a cualquier plan público por temor a que afecte negativamente los beneficios que reciben hoy día de otro plan que, al parecer, no saben que es también público. O sea, administrado por el gobierno.

Si esto no es suficiente, se debían tomar en cuenta otras referencias. Por ejemplo, la exploración espacial es una actividad estratégica para Estados Unidos. La industria médica se beneficia de las investigaciones que se hacen en el espacio, y con ellas se salvan muchas vidas humanas. Las comunicaciones vía satélite, desde la telefonía móvil hasta la televisión, dependen igualmente de la actividad espacial. Pues bien, esa actividad está financiada y administrada por el gobierno, a través de la Agencia Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA), desde la fundación de ese organismo en 1958. La seguridad nacional, que también depende mucho de la actividad espacial, está en manos de decenas de organismos de inteligencia, desde la CIA, la DEA, el ATF y el FBI, que son financiados y administrados por el gobierno.

La educación pública de Estados Unidos, desde las escuelas primarias hasta importantes universidades, es financiada y administrada por los gobiernos locales y regionales, y por el propio gobierno federal. A su lado, hay un sistema de educación privada que los estudiantes y sus padres, deciden si usar o no.

Las bellas artes y la cultura artística de Estados Unidos que no dependen del consumo del ciudadano promedio, como la ópera, el ballet, el teatro, los museos y los grandes monumentos, tienen un sistema de financiamiento mixto, a través de donaciones de fundaciones privadas, individuos y de los gobiernos federal, estatales, condales y municipales. Y funciona.

Sin embargo, Obama ha dicho que su reforma al sistema de salud no implica poner en marcha un esquema de medicina socializada, sino alternativa, que beneficie a quienes no pueden pagar seguros médicos o sufren de enfermedades crónicas. Que no será obligatorio comprar uno de esos seguros, como es obligatorio hoy día comprar un seguro de auto para responder a daños ocasionados a otros.

Algunos defensores del sistema actual admiten que el derecho de que disfrutan hoy día las compañías de seguros de rechazar a pacientes con enfermedades crónicas (léase condiciones preexistentes), es un error. No es un error. Es una monstruosidad. Pare ser más precisos, es una monstruosidad antinorteamericana.

Soy un simpatizante convencido de los beneficios de la economía de mercado. Es el único sistema económico históricamente conocido que ha permitido, a quienes lo han sabido utilizar bien, un desarrollo sostenible, casi siempre hacia arriba. Pero, honestamente, comprendo que algo tan valioso como la vida humana no puede estar sujeto a vaivenes financieros, como lo están los precios del petróleo, una propiedad inmobiliaria, una computadora, un auto o un aparato de televisión, que al final de la jornada, cuando no funciona, se tira a la basura.

Por supuesto, para que haya más claridad, el gobierno debe ser mucho más preciso y transparente, como lo prometió Obama en su campaña electoral, a la hora de explicar una reforma como ésta. Y sus opositores deben ser mucho más precisos y transparentes, a la hora de oponerse a la reforma, en ambos casos, más allá de ideologías y preferencias políticas. La vida humana debe estar muy por encima de los caprichos e intereses de unos y otros.

(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José, Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA ---Biografía).

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