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Historial Clínico de Salomé Ureña

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Inspirada, poetisa y maestra Dominicana.

Historial clínico

Original mente padecía de crisis asmática recurrentes, que eran manejadas con estramonio. El humo de estas hojas se utilizaba como terapia de los accesos de asma.
En 1881 tras la fundación del instituto de señoritas, estaba sometida a una constante jornada de trabajo que de modo paulatino iba acabando su salud.

Su esposo el intelectual Francisco Henríquez y Carbajal, (estaba realizando un pos grado de medicina en Francia) a su retorno al país en junio de 1891 se alarmaba al encontrarla muy desmejorada.
Mercedes Laura Aguijar discípula y luego profesora del instituto de señorita manifestaba que en abril de 1894 (a raíz del nacimiento de su Hija Camila) contrajo la terrible enfermedad de funesta consecuencia que la amenazo de muerte.

Próximo al parto de su hija Camila (reconocida intelectual, al igual que sus hermanos Pedro, Max) hizo una crisis, se produce el diagnostico de tuberculosis.
Ya en el 1889 le informaba a su esposo de una maestra del instituto llego a esputar la sangre en cantidad alarmante. La climaterapia era el tratamiento de elección.

Pero el diagnostico de tuberculosis, su esposo desde Francia en 1888 le recomendaba “ el campo, el aire del mar. He ahí lo más sencillo y lo menos costoso, y sin embargo, no lo aprovechas…”
En noviembre de 1844, ella comentaba “… yo siempre con mis fiebres unas altas y otras bajas, no a sido posible salir”.
En octubre de 1895 indicaba que podía manejar la pluma y esto era síntoma de su mejoría. Explicaba que la expectoración había disminuido.

En febrero de 1896 presentía un desenlace fatal, le decía a su consorte “pero yo estoy llamada a morir en mi rincón como me dijiste un día”.
Max Henríquez Ureña, anotaba que la salud de su madre de día a día. Mis padres optaron por una solución intermedia-mi madre quedaría con Pedro y con migo en puerto plata, cuyo clima era agradable y sano, y después se vería si era posible continuar en viaje hasta cabo haitiano.

Se pretendía aprovechar el agradable clima de puerto plata, para su terapia, pero la enfermedad estaba muy avanzada. A principio de diciembre expresaba “ no quiero esperar hasta enero por temor a una recaída yo necesito ir a morir al lado de mi madre”.
 El periódico, el teléfono de santo domingo, saludaba la llegada de Salomé Ureña “bienvenida. El sábado en la tarde llego a esta capital procedente de puerto plata, la laureda poetisa dominicana doña Salomé Ureña de Henríquez, acompañada de sus estimados niños”.

El 6 de marzo del 1897 rendía la jornada de la vida. Eugenio maría de Hostos, al valorar la perdida de la ilustra maestra y poetisa, exclamo “hay que llorarla. Son muchos lo que estaban interesados en su vida.

La patria, que no tuvo corazón más devoto; su discipulado, que no tuvo mejor luz; la mujer quisqueyana, que no ha tenido reformadora mas concienzuda de la educación de la mujer; su familia, que no tenia mejor ambiente que el de aquella virtudes morales y sociales tan sencillas; sus coatenios, que no pudieron tener centro mejor en donde confluyeran tantas admiraciones motivadas, como en aquel cuerpo débil y alma fuerte, que era a la vez una sacerdotisa en el aula, una pitonisa en el arte, un mentor en el hogar”.

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