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FIDEL CASTRO sigue produciendo desde su mecedora.

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Como prólogo al libro que acaba de presentar, sobre la campaña decisiva de la guerrilla que encabezó en la Sierra Maestra, Fidel Castro publicó apuntes de su niñez y de su juventud para explicar su destino político y su decisión de tomar las armas un día.

 

El libro Por todos los caminos de la Sierra: la victoria estratégica no tiene información nueva respecto a la ya conocida sobre las primeras dos décadas de vida del líder cubano. Sin embargo, Castro escribió que se sentía obligado a entrar en esa parte de su historia personal, sin la cual no se comprendería su sentido.

Los biógrafos más importantes de Castro, como el estadunidense Tad Szulc, la brasileña Claudia Furiati y el alemán Volker Skierka, se detuvieron a indagar los años de formación del líder cubano, para encontrar los hilos conductores del niño y el joven que se convertirían en el activista revolucionario.

La investigadora cubana Katiuska Blanco publicó en 2003 Todo el tiempo de los cedros, la semblanza de la familia Castro, para la cual tuvo acceso a documentos originales. Algunas valoraciones de su trayectoria personal las había anticipado el propio ex mandatario, en un discurso en noviembre de 2005. Más recientemente, el año pasado, su hermana Juana de la Caridad (Juanita) publicó sus memorias.

Explicando su traslado a Santiago de Cuba, Castro escribió: En la vieja casa donde inicialmente me albergaron, de una cantina que llevaban una vez al día, nos alimentábamos siete personas, entre ellas, la hermana y el padre de la maestra. Conocí el hambre creyendo que era apetito, con la punta de uno de los dientes del pequeño tenedor pescaba el último granito de arroz, y con hilo de coser arreglaba mis propios zapatos. Al frente de la modesta casa de madera donde vivíamos, un Instituto de Bachillerato permanecía ocupado por el ejército; vi soldados golpeando con las culatas de sus fusiles a otras personas. Podría escribir un libro con aquellos recuerdos. Fue la institución infantil a donde me condujo aquella humilde maestra, en una sociedad en la que el dinero reinaba de forma absoluta.

Años más tarde, en la competencia por el liderazgo de los estudiantes universitarios, Castro se enfrentó al grupo dirigente, que terminó por impedirle entrar a la casa de estudios. El recordó el episodio así: Estaba decidido a desafiar aquella prohibición, y comprendía lo que ello significaba. Sabía que el enemigo había llegado al límite de su tolerancia. En mi mente quijotesca no cabía otra alternativa que desafiar la amenaza. Podía obtener un arma, y la llevaría conmigo.

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